30 de Enero 2007

Soy lo que quiero ser

Hace un mes Odyseo nos proponía que nos definiéramos con una palabra. Allí pudimos comprobar, por los comentarios que hacíamos, que la cuestión no resultaba nada fácil. Incluso hubo quienes tuvieron que preguntar a los que les rodeaban para que les echaran una mano, y los que así no lo hicimos no fue porque lo tuviéramos más claro, ni mucho menos. Y es que eso que creemos ser y la forma de considerarlo es ya un reflejo de cómo nos han etiquetado los demás, acertada o equivocadamente. Lo queramos o no, aquello que somos y la manera en que a nosotros mismos nos vemos es en gran medida fruto de un proyecto que nosotros no hemos diseñado. Así pues, aquello que decimos que somos es en gran parte, y al menos durante un tiempo, constituido socialmente por normas, valores, gustos, aficiones o roles que tiene su origen fuera de nosotros. Todo lo mencionado no deja de ser algo absolutamente natural y aún necesario, pues sólo por los otros podemos saber, saberlo todo, incluso lo que somos. Pero esta identidad no sería más que un muñón de la misma si no la contrastamos y la completamos con lo que además “nos” proponemos ser, con lo que “queremos” ser. Y aquí es donde empieza la gran tarea. Llega el momento de sustituir las expectativas que los demás tienen sobre nosotros por las metas que debemos autoproponernos. Sólo cuando esto sucede la vida tiene sentido, pues es cuando de verdad empezamos a vivir nuestra vida. Cuando no aparecen metas en nuestro horizonte que orienten lo que hacemos, empezamos haciendo lo que otros quieren para terminar haciendo lo que no queremos, y lo que es más grave, alejándonos de las posibilidades prefiguradas en cada uno de nosotros y cuyo cumplimiento implicaría el ir creciendo en lo que deberíamos desear ser: más humanos. De tal manera, lo que somos, apunta por un lado al pasado (lo que nos han hecho creer que somos), pero fundamentalmente al futuro, pues somos una tarea inconclusa, estamos en camino hacia la realización de nuestra posibilidades. Y ese proyecto, esa tarea, admite caminos y orientaciones muy distintas. En esa dirección juega un papel decisivo el conocimiento, nuestra aspiración a comprender, puesto que se trata de juzgar sobre las modalidades de realizar esa existencia, de manera que sea posible obrar como seres humanos, y no como clones que vivamos de manera poco auténtica. A no ser que, como las llamadas filosofías del absurdo, consideremos que el hombre es una pasión inútil, una tarea imposible.

El rival de Odyseo

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26 de Enero 2007

Qué poca cosa

Nos pasamos la vida sin entender gran cosa de lo que sucede fuera de nosotros y apenas nada de lo que sucede dentro de nosotros mismos. Sufrimos un revés, un pequeño o gran percance, se nos quiebra un proyecto o un matrimonio, se nos trunca una carrera, se nos muere un familiar o enfermamos y creemos que el mundo se debería haber detenido para contemplarnos. Pero no es así, el mundo sigue su curso como si tal cosa, en un absoluto desprecio por nuestra persona y todo lo que significa. Escuchamos las noticias, leemos los periódicos y creemos ingenuamente que todas esas desgracias que ocurren en cualquier lugar del mundo son la Vida, pero que va. La vida real es mucho peor que todo eso. La vida se expresa de otra manera, no en esos fragmentos aislados que somos los seres vivos (incluidas las personas). La vida se expresa en la totalidad, a lo grande, con toda su crudeza y su magnificencia. La vida es un instante que empezó hace millones de años sobre este planeta, que se encoje por momentos y se ensancha cuando le apetece, que declara una glaciación o una sequía, que extingue a una especie y crea a otra. Y observando eso desde lejos, seguramente podamos imaginar que hay alguien que se rie de nuestra poquedad e insignificancia. Algunos le llaman dios. Yo me acuerdo de él todas las noches, cuando le apago la luz a los peces del acuario antes de irme a acostar. También me rio porque pienso que ellos, los peces, deben pensar que yo soy su dios que les cuida y alimenta, que les da la luz y les cambia el agua. Lo que no saben es que el día menos pensado igual me da por tirarlos por el fregadero y me compro un perro.

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23 de Enero 2007

Otro amor

“En la vida ordinario, las parejas se enamoran de fuera hacia adentro. Primero se interpone el cuerpo y después, con un poco de suerte llega el alma. Al cruzarse en cualquier parte esos dos seres que luego serán amantes se encuentran con un rostro, unas manos, unas piernas, unos ojos, con la superficie humana que está expuesta a la intemperie. A partir de esta atracción física, la pareja se acerca, traba un conocimiento, expresa unos sentimientos, desvela su pasado, proyecta una felicidad común, se va introduciendo en el alma del otro y llega un momento, en que se produce esa conexión deslumbrada de ambos espíritus que se llama amor. Pero cada día son más las parejas que se relacionan por primera vez por medio de Internet. En este caso, al contrario que en la vida ordinaria, el amor se desarrolla de dentro hacia fuera. Alguien lanza un mensaje anónimo a la red, con un nombre supuesto. A este reclamo acude desde el otro lado del planeta una internauta y en la pantalla del ordenador se produce un primer contacto entre dos almas desconocidas que empiezan a ofrecerse datos de su espíritu: deseos, fantasías, falsos sueños, promesas imaginarias, aspiraciones de belleza, todos esos materiales con que se fabrica una gran pasión. El cuerpo no ha intervenido todavía. Una vez enamorados de su alma los internautas comienzan a mandarse fotografías, la de la primera comunión, aquélla tan bonita del parque, una de muy joven en que salió guapísimo. Estas imágenes son tan irreales como los sentimientos que previamente estos amantes se habían ofrecido, pero el engaño ya no tiene importancia. Así le sucedió a un gordo y seboso señor de Hamburgo que conectó con una gorda y decrépita señora de Toronto. Se encontraron en un punto virtual de la red. Comenzaron a intercambiarse sentimientos delicados, deseos puros o tal vez inconfesables; abrieron sus respectivas almas en el espacio inmaterial y desde esa intimidad, seducidas a causa de tanta perfección, fueron concretando sus figuras y primero se mandaron mutuos retratos donde aparecían jóvenes y radiantes. Finalmente se dieron una cita en el Plaza de Nueva York y allí se descubrieron gordos, viejos e incluso repulsivos, pero ya se habían enamorado ciegamente por dentro. La sorpresa que se llevaron fue la contraria que se produce cuando alguien, fuera de Internet, se enamora de un cuerpo espléndido y se encuentra con un alma idiota”.

(Artículo de Manuel Vicent publicado en El País 10-01-1999)

El Rival de Odyseo

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20 de Enero 2007

Extirpar ideas

He llegado a la infeliz conclusión de que resulta más fácil extirpar un riñón o la próstata, por poner por caso, que extirpar algunas ideas. Extirpar un órgano del cuerpo humano se está convirtiendo cada vez más, fruto de los avances en medicina, en una simple tarea de cambio de piezas y repuestos, similar a las que siempre en el peor momento tienes que hacerle a tu coche. Llegas al quirófano, te abren, cortan, suturan y listo. Una operación fácil y rápida que acaba con tu problema y a veces hasta con tu vida. Algunos, incluso, llegan a hacerse este tipo de operaciones de forma consciente y premeditada con objeto de venderle el riñón en cuestión a algún ricachón del primer mundo cansado de tanta diálisis que no le acaba de limpiar del todo su mala sangre.
Sin embargo, cuando se trata de extirpar alguna de esas ideas que nos duelen, nos hacen daño, nos provocan malestar y sentimientos negativos, la cosa cambia, porque entonces ni encuentras un cirujano que haga la operación por ti, ni encuentras suficiente anestesia que consiga paliar el dolor del proceso pre y post operatorio. Quizás, porque precisamente este tipo de operaciones de extirpación, al contrario que la otras, requiere retirar la anestesia previamente en vez de aplicarla.
Uno se aferra a sus órganos con normal cariño, pero a sus ideas, aunque sean dañinas o humillantes, negativas, perjudiciales o simplemente bastardas, uno se aferra como si la vida le fuera en ello. Prefieren algunos desprenderse de su corazón antes que de ese muñón neuronal instalado en el cerebro y que alimenta su envidia, su ira, su autodestrucción o la del vecino, el padre o la pareja. Dirán algunos que con lo que cuesta sentar la cabeza, como para que luego tengas que sanearla a base de aplicar el bisturí de la conciencia y la inteligencia a sus secreciones mentales. Pero, realmente, cuánto avanzaría la humanidad si tales extirpaciones se hiciesen de manera generalizada y con cargo a la Seguridad Social.

Escrito por odyseo a las 12:55 PM | Comentarios (22) | TrackBack

16 de Enero 2007

A propósito de la perfección

Nunca he entendido la perfección como algo alcanzable, que por definición es imposible, pues difícilmente seres imperfectos y limitados pueden tener logros que no admitan una mejora, por pequeña que sea. Cuando el viejo Odyseo señalaba en el post anterior que hay personas que quisieran entrar en el club de los perfectos no se equivocaba, pues partiendo de lo previamente expuesto, es cierto que hay formas y Formas de hacer las cosas. Hay personas que, a sabiendas de lo que somos, consideran que las cosas se pueden intentar hacer bien o no, y optan por hacerlo de la mejor manera posible (a su juicio). Otras, sin embargo, actúan a “tontas y a locas”, o sin el más mínimo propósito de hacerlo bien, incluso sin tomar conciencia de que se puede actuar de diversos modos y que no todos son iguales, o en el peor de los casos, teniendo casi como único principio actuar contra lo que consideran mejor, bien por pereza, capricho, costumbre, irresponsabilidad, etc. Todos sabemos, todos, que no es lo mismo saludar al vecino por la mañana que no hacerlo, escaquearnos en el trabajo o cumplir con nuestra tarea como corresponde, ser buenos compañeros o poner al de al lado todas las zancadillas que podemos, sacrificarnos por nuestros hijos o que de su educación se ocupen los Simpson mientras nosotros tenemos todo el tiempo del mundo para leer. Está claro, al menos en lo que yo estimo, -que no tiene porqué ser lo que otros estimen-, que un grupo de acciones se aproximan más a la perfección y a la excelencia moral que otras. Pues sí, hay personas que se proponen estas metas en sus vidas, absurdas metas seguramente, pero tal vez no tan absurdas como las contrarias. Ahora bien, uno tiene que ser lo suficientemente humilde como para reconocer que, los propósitos de cada uno no son los únicos, ni tal vez los mejores, que las circunstancias, -sin servir de coartada- condicionan la manera de llevar a cabo nuestros fines, que no todo está en nuestras manos, así como el reconocimiento de la debilidad humana frente a la exigencia que implican las ideas más nobles. Por todo esto, algunos, más que aspirar al club de los perfectos lo que pretendemos es que nos den de baja del club de los pecadores.

…La perfección está en el intento

PD: En respuesta a Dímelo tú y Odyseo.

El rival de Odyseo

Escrito por odyseo a las 9:49 AM | Comentarios (14) | TrackBack

13 de Enero 2007

Por fin una alegría

Viendo los cada día más frecuentes y sangrantes casos de corrupción urbanística, que afectan a la totalidad de los ayuntamientos y partidos políticos, las cada vez más abundantes prácticas fraudulentas en la que incurren desde los concejales de urbanismo hasta los dueños de constructoras archiconocidas, pasando por inmobiliarias, promotoras y notarios, uno podría pensar que la política en este país está en franco empeoramiento.
Repasando los titulares de los periódicos de las dos últimas semanas sobre el atentado de Barajas, las diferentes y cambiantes posturas de los líderes políticos que se pelean entre sí para que la dichosa frase de la pancarta incluya tal o cual palabra (palabras, palabras, que ni siquiera importa lo que signifiquen porque no se trata de incluirlas porque alguien les vaya a hacer caso, sino simplemente para joder al otro u otros partidos), uno solo puede acordarse de los cientos de documentales sobre la hiena que ha visto en el "nasionalyeograficchanel", sus prácticas de ataque y supervivencia, así como sus costumbres reproductivas.
Sin embargo, cuando uno ya empieza a desesperar y a rechazar la idea de que la política en este país tiene arreglo, cuando uno ya casi está convencido de que los políticos en esta tierra no es que se hagan los tontos es que son plena y conscientemente gilipollas, de pronto surge la noticia que te reconcilia con tus infantiles expectativas y te recuerda que no todo está perdido y que aun hay sitio para la esperanza.

P.D: al estilo de mi admirada Maruja Torres, pido disculpas al colectivo de gilipollas-no-políticos y a las hienas, porque se pueden sentir claramente insultados por mis anteriores palabras y comparaciones.

Escrito por odyseo a las 8:59 PM | Comentarios (10) | TrackBack

9 de Enero 2007

El poder de las ideas

Todas las personas, seamos conscientes de ello o no, sostenemos determinados modos de ver las cosas, de afrontar los problemas, de percibir, etc. Normalmente a todo ello es a lo que llamamos nuestra filosofía de vida. Esto es algo que podemos comprobar fácilmente: Me imagino que, como yo, habéis hecho la prueba de intentar leer los comentarios de los asiduos a los blogs que visitáis sin ver quién es el autor del mismo. Muchos de esos comentarios no haría falta que fueran firmados, pues transcurrido un tiempo seríamos capaces de descubrir al artista. A veces incluso seríamos capaces de definir con bastante acierto algunos rasgos de esas personas. Pues bien, esa filosofía de vida, que se manifiesta en nuestras opiniones, puede que conste de ideas que sean adecuadas herramientas para resolver problemas y ayudarnos en el difícil viaje de la vida o bien puede estar compuesta por ideas que se convierten en obstáculos añadidos al mismo. Afortunadamente, nuestra filosofía de vida no es algo que esté troquelado de modo irreparable, sino que puede ser cambiado, aunque no nos engañemos, con cierto sacrificio. Cambiar ciertas ideas puede resultar ciertamente provechoso. Ahora bien, esto sólo sería posible si somos capaces de considerar nuestro modo de estar situados en el mundo a través de nuestros pensamientos. Sólo nosotros podemos descubrir qué ideas o pensamientos son la causa de nuestras contrariedades, de nuestros sentimientos negativos. Por eso es conveniente hacer un repaso de nuestras ideas y ser capaces de detectar aquellas que nos conducen a un estado de armonía y aquellas que están en el origen de muchos de nuestros problemas, incluso de salud, pues no debemos de olvidar que nuestra mente está en una íntima relación con nuestra salud corporal. Con el fin de separar la cizaña del trigo os propongo buscar una idea constructiva, positiva, liberadora y potenciadora de nuestro bienestar, y otra negativa, destructiva y que nos conduce a la irritación o la tristeza.

El rival de Odyseo

Escrito por odyseo a las 10:25 AM | Comentarios (11) | TrackBack

5 de Enero 2007

Hace falta valor

Hace falta mucho valor para dejarse amar en plenitud. A la mayoría nos da miedo acercarnos a una persona que nos ame plenamente, porque nos da miedo su entrega total, su sumisión a un plan generoso y gratuito para con nosotros. Huimos de esa experiencia de amor por vanidad y orgullo, por miedo y por cobardía. Si profundizamos un poco tras la capa de rencor, vanidad, soberbia y miedo que hay en el fondo de la mayoría de las desgracias y miserias humanas, encontraríamos a personas que no se han atrevido a aceptar el regalo del amor. Es mayor nuestro miedo al fracaso, el temor a que el otro descubra nuestros secretos. Pero nuestros secretos son siempre secretos a voces para quien sepa mirar: somos seres indefensos, débiles, dependientes, que necesitamos cualquier gesto de ternura para sobrevivir. No podemos vivir sin el amor desinteresado y gratuito, sin la caricia, el afecto, el abrazo, el cariño del otro.
Estamos así pillados entre dos fuegos: entre la necesidad de amor y el miedo al mismo. Porque amar significa entregar-se, y haciendo un gran esfuerzo podemos soltar y desprendernos de algunas de las que creíamos nuestras pertenencias, pero nos cuesta la vida misma desprendernos de nosotros mismos para regalarnos a los demás y a la vida. El miedo nos puede porque pensamos que no vamos a estar a la altura o que el otro no nos dará lo que necesitamos, pero eso implica ignorancia de lo que lo es realmente el amor, donde no hay trueques ni intercambios, ni comercio por justo que se quiera. El Amor es gratis total y en los tiempos que corren no hay nada de más valor que aquello que es gratis.

Escrito por odyseo a las 6:37 PM | Comentarios (21) | TrackBack

2 de Enero 2007

Y cayó otro año

Y cayó otro año, uno más. Si hacemos balance sereno de lo sucedido, salvo raras excepciones, apreciaremos que el libro de cuentas sigue como hace un año, o dos, o tres. Pues la VIDA no entiende de medidas, ni de años, ni de meses, ni de días, ni de horas. Nos daremos cuenta de que las experiencias forman un continuum con las de tiempos atrás, y que esas experiencias son muy parecidas: amamos, reñimos, leemos, disfrutamos, sufrimos, perdemos el tiempo y el dinero, ganamos amistades, conquistamos princesas, asaltamos castillos, ahogamos penas, soñamos músicas, desperdiciamos energías, gritamos injusticias, callamos secretos… Sólo desde la pequeñez del yo otorgamos a esas vivencias la trascendencia que tal vez no tengan, sólo desde un yo reducido a una palabra, como nos proponía Odyseo en el post anterior, logramos convertir nimiedades en abismos, y abismos en profundidades que no nos permiten ver. Si lográramos tomar la distancia suficiente de cada una de esas experiencias cotidianas podríamos percibir que tal vez el tiempo perdido ni fue sólo tiempo ni fue perdido, que la lectura fue una forma de ahogar las penas, que la chispa de aquel enfado fue fruto de un egoísmo atroz o de una verdad no asumida, que el pasado sufrimiento sólo hoy adquiere sentido, que las amistades ganadas fueron nuestra mejor inversión, que los castillos asaltados sólo existían en nuestra cabeza, que fuimos unos ilusos al pretender conquistar princesas, pues esas brujas abrieron nuestro corazón sin pedir permiso, que cometimos más injusticias que las gritadas a otros, que los secretos guardados fueron vox populi sin nosotros saberlo.
Sólo a la vida con minúsculas, a la mía, aquí y ahora, a la tuya, todo esto le supone algo. Es en esa vida en la que cada hora, cada dolor, cada risa, cada cana, supone un mundo. Un mundo que muchas veces no sabemos leer, apreciar, vivir. Gracias a todos los que cada día me ayudáis a que mi vida se aproxime a la VIDA, cuyo final tan cierto me es.

El Rival de Odyseo

Escrito por odyseo a las 12:22 PM | Comentarios (8) | TrackBack

1 de Enero 2007

Espíritu navideño

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El Roto (En El País del día 28-12-2006)

Escrito por odyseo a las 12:44 PM | Comentarios (4) | TrackBack