29 de Febrero 2004

Tardes de Domingo

Nunca me han gustado las tardes de Domingo. Tienen algo que las hace especialmente adecuadas para la melancolia. Será porque uno siente que se le acaba una semana más, será porque a uno eso del descanso le provoca aburrimiento, será que hace años que no voy a misa de doce (ni a ninguna otra hora) o que nunca me ha dado por lavar el coche y menos en una gasolinera. Quizás es que me haya vuelto especialmente sensible ante la imagen del dominguero en chandal y con mocasines que baja a pasear al perro y comprar el pan y el periódico; será que no me gusta el fútbol.
Será que resulta que tras el domingo viene, inexorable, el lunes, o quizás que tras el primer trago de café bien cargado uno se da cuenta que el sábado ya ha pasado y su magia se perdió hasta, al menos, siete días más. El caso es que mientras el sábado me resulta luminoso, fresco, alegre, divertido, pleno, lleno de magia y de posibilidades, el domingo (sobre todo a partir de la tarde) se me hace insoportable, oscuro, aburrido y sólo me provoca tristeza y sopor.
Cada vez aguanto peor eso de ver a la gente arreglada como de domingo, paseando sus vidas por la calle como si por haberlas vestido elegantemente hubieran ganado en prestancia o interés.
No tengo ni un sólo recuerdo agradable de una tarde de domingo. Su imagen siempre es la de un momento gris, repleto de nada, como la espera en la antesala de la vida. Las tardes de domingo no tienen luz, son horas perdidas, sola ganadas para la nostalgia. En las tardes de domingo arrecia fuerte la melancolía.
Son horas interminables, en las que el invierno se suele aplicar a conciencia, haciendo coincidir sus más espesos y fríos nubarrones con los míos que me nacen dentro. Sera que cuando por las tardes de domingo miro en los bolsillos del sentido de la vida encuentro con sorpresa que se les han abierto agujeros; que por más que rebusco con mis manos se han caído todos los momentos felices y dichosos; que entonces mi amarillenta biografía se arruga en un rincón como con miedo por la ausencia de cualquier logro, por insignificante que éste fuera; y que envidio con rabia a esos que felices pasean tras el cristal de mis lágrimas.
Menos mal, Odyseo, que mañana será lunes, con perdón.

Escrito por odyseo a las 29 de Febrero 2004 a las 08:30 PM | TrackBack
Comentarios

Odyseo, eso le pasa porque no ha tenido usted que pasarse tardes de domingo enteras con tres chavales sin poder salir de casa. Recibiría el lunes ¡con una alegría!

Escrito por Jaio la espía a las 29 de Febrero 2004 a las 09:44 PM

Hoy salí. Cosa inusual, y me sorprendio la cantidad de gente que salia, arreglada, con sus parejas, a pasear y tomar algo. Nomalmente, la tarde del domingo la uso para descansar, lo que suele resultar tedioso, porq a mitad, una ya no sabe que hacer... Caunta razon tienes,... aunq quiza, si asomaramos al mundo, como hice yo hoy, por un compromiso que tuve, veriamos como hay gente que si se obliga, y oye... se pasa mejor, ehh!! :) Un beso

Escrito por Lore a las 1 de Marzo 2004 a las 02:01 AM

Lo único bueno del domingo es que no tienes que madrugar, puedes andar todo el día en pijama en casa y la programación de TV es tan espantosa que puedes aprovechar y leer un buen libro

Escrito por hallofon a las 1 de Marzo 2004 a las 08:11 PM

El domingo sirve en oportunidades para acomodar ideas,pensamientos,sentimientos,es un dia de estar con uno mismo,velo asi.

Escrito por Larogers a las 9 de Marzo 2004 a las 08:25 PM

Lo peor del Domingo no solo recae en el elevado cúmulo de agonía que va aumentando a medida que la tarde pasa, para mí, lo peor empieza después de cenar, entonces es cuando mi apatía se desata por completo y cualquier acto que realice me resulta aburridísimo, aun así intento mantenerme activo y libre de pensamientos escuchando buena música que permita que éstos fluyan por si solos sin necesidad de ningun esfuerzo, pero se que luego llega lo peor, cuando me voy a "dormir". Hace años (desde mi infancia) que no duermo de tirón un Domingo, me encuentro acostado en mi cama y los momentos pasan lentos mientras el reloj se mueve rápido, recordando imágenes e inventando de nuevas tras el techo de mi habitación. Para mí, lo único bueno del Domingo, es que tantos momentos de aburrimiento y sopor me hacen sentir a veces, cuando miro el cielo desde mi ventana o escucho una triste canción, sensaciones que tenía olvidadas en mi infancia, sensaciones que de pequeño experimentaba a menudo cuando iba a un lugar desconocido por primera vez con mi familia, cuando me quedaba despierto más tarde de lo normal hablando con algún amigo o cuando creía sentir algo por una chica, ahora, temo seguir creciendo y olvidar por completo esas sensaciones de bienestar y... felicidad?

Escrito por Merobingio a las 12 de Abril 2004 a las 12:45 AM

domingo es el día que mi cuerpo decide y mi mente descansa, es el día la que te despierta la pregunta " y hoy que haré?", es el día que puedes desorganizar de cualquier manera, el día que se organiza por momentos, el domingo es la fiesta del ocioso, leer o pasear?, playa o campo?, hacer el amor a cualquier hora del día, el placer de no hacer nada, el placer de hacer lo que quieres y no puedes normalmente,
EL PLACER Y LA FIESTA DE VIVIR

Escrito por Anonymous a las 27 de Agosto 2004 a las 06:29 PM

Trabajo casi todos los domingos, así que nada de identificar por sistema el domingo con el relax. Pero cuando estoy en Madrid, los domingos son el día en que nos reunimos en el X.O. a las doce de la mañana, compartimos lecturas y debates sobre las mismas o sobre temas escojidos, cuando llega la hora de comer, nos vamos a algún sitio baratucho (muchos son estudiantes) y después de comer, seguimos con la buena conversación, o cantamos o ideamos actividades como obras de teatro, musicales, adaptaciones a cine y muchas otras cosas. Luego, eso sí, una vez que nos hemos "autoenmarronado", los domingos los pasamos en el Centro Cultural Trece Rosas, trabajando sin parar hasta realizar el royecto. Eso sí, riendo, leyendo juntos, cosiendo, cantando, bailando, lo que haga falta. Antes de esos domingos, mis domingos podían ser de esos apoderados por la melancolía. Ahora, bueno, nunca se está a salvo de ella, pero son infinitamente mejores.

Escrito por Zirbêth a las 15 de Noviembre 2004 a las 09:59 PM

Es la primera vez que encuentro a alguien con la misma idea sobre lo que es un domingo. Desde hace muchos años sufro de eso que podría llamarse síndrome dominical. Parece exagerado tal vez, pero no creo en absoluto que lo sea. Los domingos hacen mayor mi angustia y me hace sentir la terrible presencia de esa inseparable "soledad". Los domingos los pocos amig@s que tengo desaparecen, se marchan con sus familias. Por ello espero que las agujas del reloj caminen mucho mas deprisa, para traer con ellas ese lunes , que otros odian..

Escrito por diazvieco a las 17 de Febrero 2006 a las 01:28 AM
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